Las emociones siempre han sido una de las características más
representativas de los seres humanos, haciéndose presente en todo momento de la
vida y afectando de una u otra manera las relaciones e interacciones interpersonales
así como el modo de pensar y actuar de cada quien, llegándose a manifestar como
una especie de “lente” a través del cual se percibe la realidad, el entorno, la
información y el mismo conocimiento; por lo que sería conveniente que éstas pudieran
contribuir a facilitar la recepción de información proveniente del entorno y no a
distorsionarla en perjuicio de los beneficios que se pudieran lograr.
Tal como lo señala Mora (2014), “las emociones encienden y mantienen la curiosidad y la atención, y con ello, el interés por el descubrimiento de todo lo nuevo”. De igual manera, la educación puede verse afectada por las emociones de los
entes que participan en los procesos de enseñanza-aprendizaje, tanto maestros como
estudiantes, en donde este último se desarrolla e interfiere en todos los aspectos
nombrados anteriormente como psicosocial, cognitivo, empático y afectivo,
participando de manera activa dentro de la sociedad donde se desenvuelve; pero el
docente es el principal agente que influye en todos esos aspectos del estudiante,
puesto que es la persona con quien más interactúa durante su proceso de desarrollo
integral, quien inculca las normas, actitudes, habilidades, costumbres, culturas y
valores.
Goleman & Davidson (2017) definen la educación emocional como un proceso
formativo de tipo integral y holístico que permite potenciar el desarrollo emocional e
influir positivamente en el bienestar de los individuos, haciendo que las actividades de
enseñanza-aprendizaje sean más eficientes. Para ello se propone el desarrollo de
conocimientos y habilidades sobre las emociones con el objeto de capacitar al
individuo para afrontar mejor los retos que se planten en la vida cotidiana. Todo ello
tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social.
Parte importante del rol del docente es saber captar los distintos mensajes que
le transmiten sus alumnos y alumnas, respondiendo a sus intereses y necesidades,
favoreciendo la comunicación con ellos y adecuando las estrategias educativas para
tratar de integrarlos a todos al proceso de aprendizaje. Las interacciones educador-educando son un espacio socio-emocional ideal para la educación afectiva con
actividades cotidianas como:
- Contar problemas o intercambiar opiniones y consejos.
- Recurrir a la mediación en la resolución de conflictos interpersonales entre educandos.
- Contar anécdotas del propio educador sobre cómo resolvió problemas similares a los que pasan los educandos.
- Creación de tareas que permitan vivenciar y aprender sobre los sentimientos humanos como la proyección de películas, la lectura de poesía y narraciones, las representaciones teatrales.
Para que los estudiantes aprendan a regular las emociones los profesores
deben aprender diferentes estrategias donde incorporen la emocionalidad en cada
una de las actividades que realizan.
Los docentes deben de capacitarse en las habilidades emocionales, para que
tengan una vida emocional saludable y, a la vez, ser personas que faciliten las
expresiones emocionales de sus alumnos dándoles libertad y demostrándoles a ellos
que son personas importantes.
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